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miércoles, 7 de agosto de 2013

La Máquina del Tiempo - Tráfico en Kathmandu (2007)

(15 de mayo de 2007)


Bueno, aqui estoy de nuevo para enseñaros un poquito las cosas que he visto y he hecho estos ultimos dias. He de confesaros que lo estoy pasando FATAL para preparar este blog: tengo mas de 600 fotos de esta ultima semana, y hacer una seleccion es realmente dificil! Habia reunido las mas representativas, y me salen mas de 100... Asi que tendre que descartar de nuevo. Pero esto huele a que os voy a marear con montones de fotos, asi que pido perdon de antemano...

Esto de publicar solo un blog a la semana hace que acumule una cantidad de fotos... Buf!

Daos cuenta que aqui, en cada esquina, tienes una foto alucinante que hacer. Cualquier quiosco de fruta, cualquier persona que pasa por la calle, o que charla con otro, es una fotografia llena de colorido y significado para tener una imagen de esto. Desde luego, dios bendiga al inventor de las camaras digitales: no se que hubiera sido de mi si aun tuviera que viajar con mi vieja reflex y los carretes de toda la vida. Seguro que sufriria bucho!

Pasear por Kathmandu es una maravilla por eso. Es muy dificil describir las sensaciones, pero lo intentare. El barrio de Thamel, que es donde nos quedamos la mayoria de los extranjeros, es un conjunto de calles llenas de tiendas de montaña (pues Nepal hace tiempo que dejo de ser destino hippie para convertirse en destino de montañeros), tiendas de pashminas tibetanas, lavanderias, ciber cafes, ghuest houses, bolsos, productos de papel de arroz, camisetas bordadas, casas de cambio... el paraiso de las compras! Pero para disfrutar de las tiendas, antes has de ir esquivando los rickshaws, motos y taxis que conducen como locos, con una mano en el volante y la otra en el claxon, tocando cada dos segundos como si les fuera la vida en ello... El ruido puede hacer que te vuelvas loca...

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Máquina del Tiempo - Crónicas del Everest (2007)

(7 de Mayo de 2007)


Por fin estoy de vuelta en Kathmandu, antes de lo previsto. El trekking, que deberia haber durado unos 15 dias, me lo he chupado en 11. Toma ya! Eso si, estoy muelllta... Subir y bajar montañas 7-8 horas al dia tiene tela, sobre todo para una novata como yo.
 
Este es el mapa del camino que he hecho:
Espero que se vea bien, si no podeis copiar la foto por ahi y ampliarla.Yo tome el camino de la derecha, el de la izquiera (que lleva al glaciar de Gokyo) no me atrevi a hacerlo sola, a veces hacen falta crampones para atravesarlo, y yo de eso... pues como que no.
 
El resumen queda mas o menos que asi:
 
- Jueves 26 de abril: llegada al aeropuerto de Lukla (2800 m). 2.5 h hasta Phakding (2600 m).
- Viernes 27 abril: Marcha hasta Namche Bazaar(3440 m), 5 h.
- Sabado 28 abril: dia de aclimatacion en Namche Bazaar. Excursion a Thami y subida al monasterio: 4030 m, 7 horas ida y vuelta.
- Domingo 29 abril: Marcha hasta Tengboche, 3867 m. 5 h.
- Lunes 30 abril: marcha hasta Dingboche, 4360m. 4h.

lunes, 6 de mayo de 2013

Postales de aquí y allá desde mi memoria (II)

6. La primera vez que viajé a una ciudad sola me fui de fin de semana a Viena, en comparte-coche desde Munich. Tenía 21 años. Quedé con mi conductora para el regreso a la salida de una estación de metro de Viena. Para evitar perderme, llegar tarde y arriesgarme a quedarme colgada en aquella ciudad que me pareció bastante fría (lo achaqué durante mucho tiempo a haberla recorrido sola y no poder compartirla con nadie, no fue hasta años más tarde que descubrí que viajar en solitario es uno de los mayores lujos que hay), llegué con bastante antelación a la parada del metro. Me senté sobre el limpísimo suelo a leer un libro (La Casa de los Espíritus, se me quedó grabado en la memoria) con la mochila a mi vera. En un par de minutos estaba envuelta en el suave universo mágico de Isabel Allende. Una mano frente a mí me sacó de mis ensoñaciones para descubrir a una señora que me ofrecía una moneda. Me insistía que la aceptara, y yo horrorizada, negaba con la cabeza. Concluí que me había confundido con una vagabunda, aunque me parecía que mi aspecto limpio aunque mochilero, leyendo un libro en una estación, no debía haber llevado a nadie a esa confusión. Hoy me pregunto sin tan sólo pensó que necesitaba ayuda para pagar el billete de metro. La anécdota no tiene más importancia si no fuera por el susto que me llevé al creer que alguien me tomaba por una mendiga. El tiempo curte: quince años más tarde me encontraba “mendigando” dólares en el aeropuerto de Kathmandú para pagar unas tasas de salida que no sabía que existieran, y para las que me quedé sin liquidez. Menos mal que los viajeros son gente enrollada, en cinco minutos recaudé los 20 dólares necesarios.

7. El primer vuelo que tomé en mi vida me llevó a la isla de la Gomera. Aquella isla me enamoró por su paraíso tropical. De ella recuerdo esencialmente la belleza de sus árboles (nunca pensé que un árbol de la papaya pudiera ser tan espectacular, y qué decir de los dragos), la carretera al filo de las montañas, la negrísima arena de sus playas y el ritmo lento de los días, con tertulias en el único café del pueblo al sabor de un sabrosísimo café “leche y leche”. Y alguna que otra borrachera en las fiestas lustrales. Sólo regresé una vez allí, y fue igualmente memorable, con recuerdo de bollos preñados recién hechos a las seis de la mañana.

domingo, 5 de mayo de 2013

Postales de aquí y allá desde mi memoria



1. La noche que más calor he pasado en mi vida tuvo lugar en Assuán, agosto 2010. Nos quedamos a dormir en casa de nuestro guía Shaher y su familia, nos quedamos en el dormitorio de invitados, con un balcón con vistas al desierto egipcio sudanés. El té de hibisco no fue suficiente para quitarnos la sed. En esos días había tormentas de arena en el desierto, y toda la casa, incluyendo las sábanas y suelo de nuestro cuarto, estaba cubierta con una fina película de arena. Nos metimos en la cama para descubrir sorprendidos que del colchón emanaba calor. Era como estar tumbados sobre una manta eléctrica a 40 grados de temperatura. Nos echamos al suelo, pero por supuesto las baldosas también soltaban calor, aunque al menos su material te hacía creer que habría un par de grados de diferencia con la cama. Nos acercábamos al balcón. Una bofetada de aire caliente con micropartículas de arena nos recibía, burlándose de nosotros y de nuestro afán por la más mínima brisa nocturna. El ventilador giraba inútil en nuestro dormitorio, removiendo el aire caliente en suaves remolinos. Los minutos pasaban lentos, eternos, y nosotros yacíamos medio desmayados sobre el suelo, envueltos en una capa de sudor y partículas de arena del desierto, sintiéndonos en el infierno de Dante, y pensando qué poco costaba una noche en un hotel de cinco estrellas en esa ciudad, y qué imposible era despertar a las tres de la mañana a nuestros anfitriones para pedirles (rogarles) que nos llevaran allí. 


2. Un paseo en moto por los montes de Sapa, en el norte de Vietnam, sin casco y con la música sonando a todo volumen en mis auriculares. Cantando como una loca, sorteando baches, saltando sobre piedras, pasando por pequeños riachuelos que atravesaban la carretera, disfrutando todo el tiempo de unas vistas preciosas a los valles de Sapa, sus pequeños poblados y sus campos de arroz en bancales. Un momento de felicidad plena.